En los últimos meses, el aparato mediático del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) ha experimentado un ajuste significativo, derrocando a tres destacados propagandistas que alguna vez fueron pilares de la protección mediática de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Estas medidas, que incluyen ausencias prolongadas, aprobaciones de salida y medidas restrictivas, apuntan a una posible reorganización interna encaminada a una mayor centralización y lealtad absoluta. Entre los afectados se encuentran Alberto Mora, William Grigsby y Edwin Suárez, apodado «El Gato Sandinista», cuyas situaciones han llevado a especular sobre una purga selectiva dentro del oficialismo.
Alberto Mora, quien condujo el programa matutino «Vivir» en el canal 4, no aparece en las pantallas desde principios de noviembre de 2025. Inicialmente se dijo que se encontraba en una «misión» temporal, pero su prolongada desaparición ha alimentado los rumores de que sería reubicado. Daniel Edmundo Ortega Murillohijo de la dictadora Rosario Murillo, quien asumió un papel clave en la coordinación de los medios oficiales.
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Mora, una periodista que criticó el sandinismo desde Canal 2 en las décadas de 1990 y 2000, cambió su postura en 2007 con el regreso del FSLN al poder. Desde entonces se ha convertido en un operador de confianza responsable del seguimiento de contenidos, el reclutamiento y la deslegitimación de la prensa independiente a través de organismos como Movimiento de Comunicadores Patrios. Su salida representa una transferencia de influencia a la familia gobernante, consolidando el control sobre la narrativa oficial.
Por su parte, William GrigsbyEl veterano ideólogo sandinista y ex conductor del programa radial Sin Fronteras, de Radio La Primerísima, ha confirmado públicamente que no regresará a su espacio habitual. Al menos a tres meses de la programación regular, el caso de Grigsby se produce en medio de una reestructuración impulsada por el liderazgo del régimen donde el enfoque narrativo se ha intensificado en torno a Murillo.
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Durante una entrevista en vivo, expresó un alejamiento de su reducido papel de director ocasional, enfatizando las tensiones internas y un nuevo esquema de obediencia vertical. Este caso ilustra cómo incluso figuras históricas y leales pueden ser disciplinadas si no se ajustan plenamente al guión dominante, revelando la dinámica de la «purificación» de los medios de propaganda.
La última «víctima» de «El Gato Sandinista»
Edwin Suárez, mejor conocido como «Gato Sandinista»La activista digital y tiktoker que promovió mensajes a favor del oficialismo ha sido la última de las purgas de Rosario Murillo. La medida sigue a un controvertido vídeo en el que incitaba a atacar embajadas de Estados Unidos en varios países, incluida Nicaragua, en respuesta a las tensiones internacionales por las protestas en Pakistán y la guerra entre Estados Unidos e Israel contra el régimen iraní que comenzó el 28 de febrero.
VIRAL. Rosario Murillo silencia a «El Gato Sandinista» pic.twitter.com/IRGntL7wGB
— Nicaragua Investiga (@nicaraguainvest) 7 de marzo de 2026
En el material, Suárez insultó directamente al presidente estadounidense Donald Trump, lo que alertó al Departamento de Estado estadounidense, que invocó convenios internacionales sobre protección diplomática. Como resultado, Suárez eliminó sus perfiles de redes sociales y fue restringido por el régimen nicaragüense, lo que marcó una transición de su papel de locutor entusiasta a un perfil completamente silenciado.
Estos episodios, que están directamente relacionados con las decisiones de Murillo, muestran un patrón de control estricto en el sandinismo. Lejos de debilitar el sistema, tales ajustes parecen fortalecer la cohesión en la familia y el liderazgo jerárquico, priorizando la uniformidad sobre la diversidad de voces, incluso entre aliados de larga data.